Conocer Río también es comer como carioca. Más que en los restaurantes famosos, la ciudad se revela en los bares de esquina, en las casas de jugos, en las ferias y en la arena de la playa — lugares sencillos donde la comida forma parte de la vida de todos los días.
El sábado es día de feijoada: porotos negros cocidos con cortes de cerdo y carne seca, servidos con arroz, farofa (harina de mandioca tostada), col salteada, rodajas de naranja y chicharrón. Suele acompañarse con caipiriña — cachaça, lima, azúcar y hielo — y, en algunos bares, con samba en vivo.
En casi todas las esquinas hay una casa de jugos, con decenas de frutas en el mostrador: açaí, cajú, maracuyá, acerola, cupuaçu y muchas más. El açaí na tigela, batido bien frío y servido con granola y banana, es casi una comida completa.
En la playa, los vendedores pasan ofreciendo biscoito Globo, de almidón de mandioca, y mate helado, la dupla más carioca de la arena, además de queijo coalho asado a las brasas. En las ferias callejeras, el clásico es el pastel acompañado de caldo de cana (jugo de caña de azúcar).
Los botequins son el alma de la ciudad: chopp bien frío y picadas como bolinho de bacalhau y carne seca con mandioca. Al mediodía, el “prato feito” — arroz, porotos, una carne y guarniciones, servidos en un solo plato — alimenta al Río que trabaja.
Consejos: pruebe un boteco tradicional, de esos con mostrador antiguo y mozo de muchos años en la casa, y coma donde los cariocas hacen fila — es señal de buena comida. Pruebe frutas que no conoce en las casas de jugos y reserve tiempo para la feijoada del sábado: pide una tarde entera.